Crítica Boulevard: el mismo cuento adolescente

«Contiene spoilers.»

Parece mentira que una película española tenga que recurrir a formatos tan americanos, tan de fórmula comercial, para contar una historia adolescente. No porque lo comercial sea malo, sino porque cuando una fórmula se repite y se repite hasta que acabas tragándotela con patatas.

El problema de Boulevard no es solamente la lista de deseos que aparece en la historia. Es que vuelve a una estructura que el cine adolescente lleva utilizando años. El ejemplo más conocido es Bajo la misma estrella: adolescentes, una experiencia que cumplir, una relación marcada por una situación especial y una historia diseñada para provocar emoción.

Pero no es un caso aislado. Ahí están Culpa mía, Pretty Summer y tantas otras historias juveniles actuales que siguen el mismo camino: cambia el envoltorio, cambian los personajes, pero el cuento sigue siendo el mismo.

Siempre aparece la misma elección: el chico bueno frente al chico malo. El responsable frente al rebelde. El que tiene valores frente al que vive al límite. Pero curiosamente siempre ocurre lo mismo: el que parece más macarra acaba siendo el más sensible, el más ético y el verdadero amor de la protagonista.

El problema es cuando la película pretende que aceptemos que el caos tiene más valor que la estabilidad. La prueba está en la propia comparación entre Matt y Luke. Hasley llega a decir que Luke es mejor que Matt, cuando Matt es deportista, no bebe, no fuma, habla educadamente y tiene una vida aparentemente ordenada. Luke, en cambio, arrastra una vida mucho más complicada, con drogas y problemas detrás. Aun así, el guion nos quiere convencer de que la persona rota es la más especial.

Ese es uno de los mensajes más repetidos del cine adolescente: la idea de que enamorarse de alguien con una vida complicada significa salvarlo. Como si el amor fuera suficiente para cambiar a una persona.

La realidad es mucho más compleja. Las relaciones con personas que tienen problemas graves de adicción o conductas autodestructivas pueden acabar generando sufrimiento, desgaste, discusiones y una situación donde la otra persona termina pagando las consecuencias.

Y la propia película muestra esa contradicción. Luke provoca problemas a Hasley, sus decisiones tienen consecuencias y la relación no es precisamente ese cuento perfecto que intenta vender.

Además, aparece otra idea difícil de sostener: que Luke necesita alejarse para convertirse en una mejor persona. Pero, ¿por qué una persona tiene que alejarse de quienes quiere para mejorar? ¿No debería intentar ser mejor precisamente junto a las personas que forman parte de su vida?

Convertir la distancia en una solución mágica tampoco tiene mucho sentido. Las relaciones a distancia son complicadas y no garantizan que una persona cambie. La pregunta es si alguien aprende realmente a ser mejor lejos de quienes ama o si precisamente las personas que quiere pueden formar parte de ese proceso.

Luego están los personajes secundarios, construidos muchas veces con la plantilla habitual: la chica gorda, el personaje gay y la inmigrante latina. No es que estos personajes no puedan existir, sino que muchas veces da la sensación de que están colocados para cumplir una función dentro del esquema y no porque tengan una historia realmente desarrollada.

Con la integración pasa algo parecido. La adolescente gorda casi siempre queda como personaje secundario, como «la amiga gorda». Cuando se le da protagonismo, parece que la película necesita demostrar que también puede gustar, ligar o tener una historia de amor. El verdadero reto sería que una protagonista estuviera fuera del estándar estético tradicional y que eso no fuera el argumento de la película, sino simplemente su realidad. Sin ser género cómico como en Amor Ciego.

También aparece el cliché del protagonista trabajador y humilde frente a los niños de bien, los que tienen la vida resuelta. El chico trabaja repartiendo palomitas en un cine y llegan quienes tienen una posición más cómoda para menospreciar ese trabajo. Una vez más, la película necesita marcar rápidamente quién es el bueno y quién es el malo.

Y para ello fuerza situaciones poco reales, donde parece que las consecuencias no existen y que todo el mundo alrededor desaparece para que los protagonistas tengan su escena dramática.

Los recursos románticos tampoco sorprenden: el beso interrumpido por una llamada de teléfono, los escenarios perfectos, los momentos preparados para parecer inolvidables. La vida real no funciona así.

También se repiten los escenarios de postal: cenas románticas, paisajes idílicos, baños en el lago y momentos que parecen diseñados para convertirse en imágenes de amor eterno.

Otro símbolo obligatorio es el tatuaje. Parece que una relación adolescente no está completa si no acaba marcada en la piel. Como si un gesto impulsivo de una etapa de la vida tuviera que convertirse en una promesa eterna, aunque muchas de esas relaciones no lleguen a la madurez.

Y tampoco podía faltar la familia rota: padres separados, discusiones, ausencias o tragedias del pasado. Parece que ningún protagonista adolescente puede existir sin una herida que explique quién es.

Hasta pequeños detalles como los nombres de los personajes o una carta de despedida escrita en inglés refuerzan esa sensación de producto juvenil importado.

Y la guinda es el típico baile escolar temático. Otra americanada dentro de una película española. Un recurso más que parece sacado de otro tipo de cine adolescente.

Y aquí llega la mayor contradicción: el final.

Porque el final de Boulevard sí consigue algo que la película no había conseguido hasta ese momento. Es épico y no es el típico final que espera el espectador. Consigue atraparte y dejarte con el corazón en un puño.

La película juega con la sensación de que todo se va a resolver, de que el peligro ya ha pasado, de que el protagonista se ha salvado… y entonces llega el golpe definitivo.

Luke muere por salvar a Hasley.

Es cierto que este desenlace no es fiel a la novela original, pero precisamente ahí hay una de las pocas decisiones de adaptación que funcionan. Han evitado caer en otro cliché: repetir otra pelea más contra el mismo personaje, un recurso que ya aparece en la historia y que habría hecho el final mucho más previsible.

Y ahí sí aparece una emoción real. Ahí sí hay un recuerdo de la película que permanece.

Pero precisamente por eso da más rabia. Porque demuestra que había una historia capaz de llegar al espectador, pero que ha sido desperdiciada por una dirección que no ha sabido construir el camino hasta llegar ahí.

Boulevard acaba siendo un collage de escenas y recursos que el cine adolescente lleva repitiendo una y otra vez. El mismo cuento con distintos títulos.

Cambian los nombres, cambian algunos detalles y cambia el envoltorio, pero la sensación final es la misma: una fórmula conocida que se repite porque funciona comercialmente.

Y lo más curioso es que, después de toda esa acumulación de clichés, llega un final inesperado que demuestra que había algo más detrás. El problema es que una película no puede vivir solo de sus últimos minutos. Tiene que saber llevar al espectador hasta ellos.

¿Y si el final hubiera sido otro?

Ya que la película decide apartarse de la novela en su desenlace, yo habría ido un paso más allá.

En lugar de una muerte inmediata, el accidente habría dejado secuelas permanentes. Luke conseguiría rehacer su vida con el paso de los años, mientras Hasley despertaría del coma con graves consecuencias físicas y cognitivas. Ahí empezaría el verdadero drama, porque el amor adolescente se enfrentaría por primera vez a una realidad para la que casi nunca está preparado.

Y el conflicto no terminaría ahí. La madre de Hasley, incapaz de aceptar lo ocurrido y convencida de que Luke había destruido la vida de su hija, desarrollaría una obsesión por impedir que él pudiera rehacer la suya. Interferiría en sus nuevas relaciones, aparecería constantemente en su vida y alimentaría en él un sentimiento de culpa permanente. Su objetivo sería obligarlo a cumplir aquella promesa de amor eterno que ambos se hicieron en la adolescencia y a asumir las consecuencias de sus actos.

Ese acoso acabaría empujando a Luke de nuevo hacia el alcohol, las drogas y la autodestrucción, cerrando el círculo del personaje. Un desenlace mucho menos complaciente, más incómodo y, en mi opinión, bastante más distinto de lo que suele ofrecer el cine adolescente.

Fuentes de Autoridad y Bibliografía (España)

1. Registro e Información de la Obra Audiovisual

  • Ministerio de Cultura (Catálogo de Cine Español): Base de datos oficial del ICAA donde se pueden consultar los datos técnicos de producción, la calificación por edades y las empresas participantes en adaptaciones cinematográficas de literatura juvenil.
    Enlace: Ministerio de Cultura – Catálogo de Cine

2. Valoración de Crítica y Audiencia

  • FilmAffinity España: El portal de referencia en el ámbito hispanohablante para contrastar la recepción del público, las notas medias y la recopilación de críticas especializadas en adaptaciones de novelas web y dramas adolescentes.
    Enlace: FilmAffinity – Ficha técnica y críticas de cine

3. Análisis Cultural y Prensa Cinematográfica

  • Fotogramas: Revista de referencia nacional para el seguimiento de estrenos de género romántico juvenil, análisis de tropos narrativos, adaptaciones de plataformas como Wattpad y la evolución de los clichés en el cine contemporáneo.
    Enlace: Revista Fotogramas – Críticas de Cine
Comparte conocimiento

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio