Terremotos: cómo proteger a las personas cuando un edificio se derrumba

Cada vez que un terremoto golpea una ciudad, el drama es desolador. El pueblo se siente solo ante la catástrofe y, en demasiadas ocasiones, percibe que las respuestas de los gobiernos llegan mal, tarde o nunca. Es una pesadilla en vida, un auténtico infierno para quien se convierte en víctima. Los terremotos que afectaron a Venezuela el 24 de junio de 2026 han vuelto a recordarnos esta realidad y la imperiosa necesidad de cambiar protocolos, leyes y respuestas de los servicios de emergencia, gobiernos e instituciones implicadas.

La ingeniería ha avanzado enormemente. Hoy existen edificios capaces de reducir los efectos de un terremoto mediante sistemas de aislamiento sísmico instalados entre la cimentación y la estructura. Aisladores de caucho y acero, amortiguadores y disipadores de energía reducen gran parte de las vibraciones. Países como Japón llevan décadas demostrando que estas soluciones salvan vidas.

Pero hay una pregunta que apenas se plantea.

¿Qué ocurre cuando, pese a todas las medidas, un edificio falla? ¿Por qué la innovación se centra casi exclusivamente en la estructura y apenas llega a la persona?

Del mismo modo que disponemos de extintores o botiquines de primeros auxilios, debería estudiarse la implantación obligatoria de un Sistema Individual de Protección Sísmica (SIPS) en inmuebles situados en zonas de riesgo. Sería un equipamiento reutilizable, con una larga vida útil y cuyo coste solo se asumiría una vez, salvo utilización.

Las nuevas construcciones se entregarían equipadas con este sistema. En los edificios existentes, una inspección técnica obligatoria identificaría los puntos estructurales más seguros. Después se instalarían las cajas de emergencia necesarias. En las viviendas, el número de SIPS cubriría a todos los miembros de la familia. En otros inmuebles, se determinaría según el aforo autorizado, garantizando que cualquier ocupante pudiera acceder a uno en caso de emergencia.

Las cajas de emergencia permanecerían ancladas a la estructura y estarían fabricadas con materiales resistentes al fuego y los impactos. Incorporarían señalización fotoluminiscente para localizarlas con humo, poca luz o fallo eléctrico. Un precinto de seguridad permitiría comprobar si han sido manipuladas o si falta equipamiento. También incluirían código QR y chip NFC con instrucciones, mantenimiento y protocolos de actuación.

El SIPS sería un sistema plegable almacenado en la caja de emergencia y diseñado para colocarse en menos de un minuto. Entre los materiales posibles se encuentra el Kevlar, por su resistencia frente a cortes, desgarros e impactos de fragmentos y cascotes.

Como equipamiento obligatorio la capa albergaría un bolsillo interior con cremallera hermética que incorporaría agua, analgésicos, vendaje, linterna LED, alarma acústica y un dispositivo GPS vinculado a una aplicación móvil. Su objetivo sería proteger durante el derrumbe y aumentar el tiempo de supervivencia hasta la llegada de los equipos de rescate.

No se puede afirmar que un SIPS detenga una losa de hormigón de varias toneladas. Sería irresponsable. Sin embargo, muchos daños proceden de cristales, cascotes, falsos techos, tabiques o elementos de fachada. Reducir esas lesiones supondría salvar vidas.

Esta propuesta no sustituye una política de construcción segura. Los Estados deberían reforzar la normativa sísmica y exigir en nuevas edificaciones sistemas modernos de aislamiento sísmico. También deberían utilizar las Inspecciones Técnicas de Edificios (ITE), en España, para impulsar la adaptación de inmuebles antiguos o vulnerables.

Pero la innovación no debería detenerse ahí. También merece la pena investigar edificios con sistemas interiores adaptativos que activen paneles móviles al detectar un terremoto.

Estos paneles podrían desplazarse mediante guías mecánicas y actuadores alimentados por generadores de emergencia o baterías de respaldo. Tras activarse, mostrarían superficies capaces de absorber impactos mediante materiales como espumas de alta densidad, materiales viscoelásticos, cauchos elastoméricos y paneles sándwich con núcleo alveolar.

El objetivo no sería evitar el colapso, sino reducir lesiones durante derrumbes parciales o desplazamientos violentos. Además, estos sistemas podrían aportar aislamiento térmico y acústico durante la vida útil del edificio.

Una vez más, queda patente que las leyes no protegen suficientemente la vida humana y que, con demasiada frecuencia, existen conflictos de intereses. Sigo apelando al Estado, y especialmente al Estado español, para debatir, aprobar e implantar soluciones concretas que avancen hacia una verdadera protección de la vida humana.

Personas protegidas ante el derrumbe de un edificio durante un terremoto mediante sistemas de protección sísmica

Personas protegidas ante el derrumbe de un edificio durante un terremoto mediante sistemas de protección sísmica

Fuentes de Autoridad y Bibliografía (España)

1. Normativa y Supervisión de la Edificación

2. Vigilancia e Información Sismológica

3. Protección Civil y Emergencias

  • Dirección General de Protección Civil y Emergencias: Dependiente del Ministerio del Interior, es el órgano responsable de coordinar los protocolos de actuación, planes nacionales ante el riesgo sísmico y la autoprotección ciudadana en catástrofes.
    Enlace: Protección Civil y Emergencias – Riesgo Sísmico
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