La sostenibilidad no es más que otra artimaña del sistema económico para imponer valores éticos a la sociedad, pero es demagogia pura. Tras todas las políticas, leyes y normas para el desarrollo sostenible, el verdadero objetivo es ganar cuanta más pasta, mejor. A continuación, desenmascaramos por sectores cómo funciona este escaparate:
1. Turismo y hostelería
– Se promueven cupos y límites en bufés y restaurantes, pero no para reducir impacto, sino para gestionar aforos como negocio.
– No hay suficientes patrullas ni control real sobre botellones, basura y saturación turística.
– Productos de limpieza y lavandería no siempre son ecológicos pese a la etiqueta.
– Las auditorías de sostenibilidad se externalizan a empresas privadas que cobran mucho pero no garantizan ecología real.
2. Comercio masivo y supermercados
– La reducción de bolsas es un negocio encubierto, igual que la ecotasa hotelera: pagas y crees que ayudas.
– La comida precocinada y envasada usa plásticos que no se reciclan, aunque lleven símbolos engañosos.
– Los pedidos online llegan llenos de cajas, sobres y embalajes innecesarios.
– Amazon y AliExpress tampoco cumplen sostenibilidad: cartones y envases solo parcialmente reciclables.
3. Moda y textil (revisión final)
La mayoría de textiles son sintéticos, contaminantes y peligrosos para la salud, incluso inflamables.
Los contenedores de ropa que prometen reciclar, muchas veces terminan revendiendo las prendas en mercadillos o a empresas intermediarias, generando otro negocio oculto.
Los periodos de rebajas, los cupones de descuento, la vuelta al cole y otras técnicas de marketing fomentan un consumo compulsivo que provoca exceso de ropa y juguetes que muchas veces se tiran o se destruyen si no se venden.
4. Comercio electrónico
– Grandes plataformas usan sobreembalaje y transportes nada ecológicos.
– Vehículos “limpios” siguen consumiendo energía a gran escala.
– El marketing vende sostenibilidad falsa.
5. Energía y construcción
– Certificados energéticos concedidos a viviendas de más de 100 años que no cumplen eficiencia real mientras se pague la tasa.
– Escombros y residuos de obra gestionados sin verdadero reciclaje; puntos limpios que revenden electrodomésticos y chatarra.
– Gobiernos y entidades gastan energía sin control: farolas de día, riego lloviendo, escoltas y coches oficiales contaminantes.
– Privilegios de élites: jets, yates, piscinas, calefacciones desbordadas.
– Plantas nucleares aún activas con residuos peligrosos y poca transparencia.
6. Agua y envases de bebidas
– Agua canalizada no tratada con la calidad que debería.
– Crece el consumo de agua embotellada y con ello el plástico.
– Tapones y tapas tardan siglos en deshacerse; incineración altamente contaminante.
7. Tecnología e internet
– Centros de datos, antenas, redes móviles y satélites consumen energía masiva y generan residuos.
– Internet permite comprar ilimitadamente dispositivos pagando una tasa que no se sabe dónde va; contradicción con el discurso “verde”.
8. Vehículos y transporte
– Vehículos “limpios” consumen electricidad generada en parte con combustibles fósiles.
– Las ZBE y restricciones para entrar en ciudades como Madrid terminan siendo negocio para renovar coches, no medidas ambientales reales: los residentes contaminan igual.
– El aire no mejora por impedir solo la entrada de quien no vive allí.
9. Reparto urbano
– Motos y furgonetas de Glovo, Uber Eats y Just Eat contaminan de forma constante.
– Envases de comida rápida y empaques de un solo uso siguen sin gestionarse bien.
– La rapidez no es sostenibilidad.
10. Sector funerario y crematorios
– Crematorios emiten gases tóxicos y partículas peligrosas.
– Embalsamamientos usan químicos que acaban en aire, agua y suelo.
– Ataúdes tratados dificultan biodegradación y generan residuos no sostenibles.
11. Integración social y publicidad
– Algunas ONG operan como negocio: existen compensaciones económicas por registros, apadrinamientos y altas cantidades en estructuras directivas.
– Los beneficiarios reciben ayudas mínimas.
– La publicidad institucional y social impulsa consumo constante, no sostenibilidad real.
– La inclusión auténtica exigiría plantillas obligatorias del 30% de personas con discapacidad sin desgravaciones ni auditorías vacías.
Modelo integral de sostenibilidad real
Producción equilibrada
– Fabricación limitada según datos reales de consumo.
– Productos con huella digital verificable.
– Excedentes máximos del 5%.
– Evita sobreproducción que acaba quemada, enterrada o destruida.
Control de consumo
Límites amplios por persona, no restrictivos:
– Ropa: 1.000–2.000 €/año
– Alimentación: hasta 20.000 €/año
– Tecnología: 2.000–2.500 €/año
– Vuelos, cruceros y transporte contaminante: límite anual
– Ocio y cultura: sin límite
Superar esos márgenes implica tasas progresivas, destinadas a:
– Restauración ambiental trazable
– Limpieza de océanos, ríos, bosques
– Gestión y separación real de residuos
– Control energético y de emisiones
– Inspección pública
Todo accesible y verificable por el ciudadano mediante app y web, con su DNI como tarjeta-chip.
Incentivos verificables
Acciones sostenibles asociadas a resultados reales:
– Plantar un árbol con nombre y localización asignada al ciudadano.
– Apadrinar un animal en peligro de extinción con seguimiento por GPS o visor ambiental.
– Apoyo verificable a fauna abandonada (perreras, protectoras, esterilización).
– Mapas públicos de metros cuadrados de océano, playa o riberas limpiadas.
– Captura certificada de partículas PM2.5 y gases nocivos mediante estaciones verificadas.
Todo comprobable en tiempo real para evitar lavado verde.
Transparencia y control gubernamental
– Inspectores públicos con acceso real a obras, residuos, energía, agua y emisiones.
– Supervisión directa de plantas nucleares, crematorios, vertederos y macroindustrias.
– Plataforma de denuncias ciudadanas sobre derroches: farolas encendidas, riegos inútiles, malgasto de recursos públicos.
– Penalizaciones a administraciones que incumplan.
Conclusión final
Ser sostenible no es tener cuatro cubos de colores para reciclar basura ni vivir como un asceta o un hippie con un huerto ecológico. La sostenibilidad real no se basa en gestos simbólicos, sino en un equilibrio entre producción, consumo y responsabilidad ambiental.
Mientras tanto, el sistema bombardea al ciudadano con mensajes contradictorios:
– Por un lado, recicla, ahorra, cuida el planeta.
– Por otro, campañas infinitas de consumo: Black Friday, Cyber Monday, Rebajas, San Valentín, Navidad, día tras día, año tras año.
El ser humano, aunque racional, difícilmente puede ser coherente ante esta doble presión: consumir sin parar y, a la vez, ser responsable del planeta.
La idea de que consumir equivale a ser feliz se ha incrustado hasta los huesos.
Pero esa felicidad es caduca, efímera, fugaz.
La verdadera armonía está en conexiones reales, respeto por la naturaleza y equilibrio vital, no en la compra compulsiva.
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