La involución humana generada por el scroll

Evolución cerebral y mentes desocupadas

Hace unos 100.000 años, los humanos vivieron un periodo de aprendizaje práctico y activo. Cada persona debía resolver problemas por sí misma: encender y mantener fuego, construir refugios, fabricar cuchillos y cuencos, orientarse en el terreno. Todo se aprendía observando activamente y experimentando con la naturaleza, y aunque luego se transmitiera de generación en generación, lo fundamental era la capacidad individual de aprender y adaptarse por sí mismo.

Este espíritu de curiosidad y autonomía se repitió en algunos momentos históricos destacados. Un ejemplo notable es el Renacimiento europeo (≈1300–1600), un periodo de gran prosperidad en ideas, inventos y arte: se inventó la imprenta, se desarrollaron técnicas avanzadas de pintura, ingeniería, anatomía y astronomía, y surgieron figuras que combinaban creatividad y ciencia de manera excepcional. Fue un milenio de lucidez humana, donde los humanos brillaron por su iniciativa y su capacidad de innovación.

Desde aquel Renacimiento hasta nuestros días, se ha producido un declive progresivo de la autonomía cognitiva, hasta llegar a lo que podemos llamar la era del decaimiento humano digital. En esta era, la vida humana se ha vuelto muy cómoda y pasiva, porque no nos tenemos que preocupar por las necesidades básicas: los problemas cotidianos están resueltos gracias al Estado de bienestar. Además, la educación ya no ofrece conocimientos ni información como persona.

Esta desocupación se ha transformado en una ocupación sin sentido, a la que nos han acostumbrado porque es puro negocio en la era digital. Grandes empresas como TikTok y YouTube capitalizan nuestras horas muertas, y nosotros nos hacemos dependientes de contenidos absurdos y triviales: desde “cómo cuidar a 15 niños” o “cómo parirlos”, hasta cómo guardar las sobras de comida correctamente o cómo limpiarse el ojete.

Y, por último, los manuales de los machos alfa y los manuales de las mujeres liberales, profeminismo incluido, desembocan en lo mismo: cómo tener sexo fácil, rápido y sin compromiso. Joder, este último manual es más fácil que ninguno. Instinto puro.

El negocio del scroll

Esto solo tiene sentido si lo usas como guía para aprender trucos y estrategias de un videojuego. También me parecen muy válidos los vídeos que ofrecen manuales especializados: cómo arreglar tu bicicleta, cómo maquillarte para tu boda, cómo sellar una fuga de agua, cómo crear una artesanía. Aun así, lo más sensato sigue siendo acudir a un técnico o a una galería de arte, porque no todos podemos ser profesionales en todos los campos, o nuestras manos son demasiado torpes para crear algo siguiendo todos los pasos del video.

El problema es que, fuera de estos casos útiles, nos inundan millones de influencers produciendo contenidos realmente vacíos. Esto tiene dos objetivos claros:

  1. Que vivamos superficial y banalmente, gastando nuestro tiempo mirando una pantalla y sus absurdeces. Horas muertas que no dedicarás a tus seres queridos, ni a saludar al vecino, porque estás haciendo scroll después de volver del trabajo o recoger al niño del colegio. La consecuencia directa para ti es una mente sin tiempo para la reflexión, la crítica, la búsqueda existencial y observar tu entorno y condiciones de vida en general. Y el beneficio para los mandamás es que te vas a quedar calladito, conforme y sin protestar. Y por si fuera poco, haciendo tanto scroll se te olvida hacer actividad física: se te queda el culo tan plano como el cerebro.

  2. Y, cómo no, ganar dinero, porque estas plataformas ahora mueven más publicidad que cualquier otro medio.

Tipos de contenido

Este año, 2025, me he bajado por primera vez TikTok. YouTube ya lo utilizaba para algún que otro menester, pero realmente me quedo acongojada, sorprendida, pasmada. Puedes encontrarte de todo: desde un parto natural en medio del campo hasta cómo colocar una compresa correctamente, pasando por hacer un sándwich súper cookie que nunca te quedará igual y en menos de un minuto.

Algunos vídeos muestran a personas que se van a morir en breve o que ya están muertas, y dejan sus testimonios: cómo pensaban, cómo se deterioraban sus físicos por la enfermedad, incluso hasta quedarse en silla de ruedas. A su muerte, estos canales siguen generando pasta. En realidad, solo faltan sus cuerpos; perfectamente maquillados, tanto hombres como mujeres, con los filtros pertinentes. Y lo único que buscan es tokens en forma de donación en la plataforma o alguna cita rápida para sexo.

Se puede dividir a los usuarios en dos tipos claros:

  • Los que están de postureo, se creen superiores y quieren eclipsar a todo el mundo con su glamour, belleza y lujo.

  • Los que buscan dar pena, mostrando estar en el peor momento de su vida: problemas de salud, amor, dinero o físico. El contraste entre ambos tipos es brutal.

Desde siempre los humanos han querido dinero fácil, ser cómodos y, si además esto les aporta fama y poder (influenciando a los demás), además de éxito, que no es más que el reconocimiento tan ansiado de la sociedad, como ya lo decía MASLOW.

Con ocho mil millones de humanos en el planeta y que dentro de poco esta cifra será exponencial, desde mi total ignorancia, interpreto esto como un zoo y nuestra jaula son las cámaras de los móviles.

Por otra parte, increíble y personalmente me ha ayudado muchísimo, ver cómo personas con físicos diferentes, con falta de extremidades, discapacidades intelectuales o cognitivas, o víctimas de incendios que han sufrido consecuencias estéticas y dolor físico, cuentan sus testimonios y dan charlas motivacionales.

No voy a decir lo típico de que ves a esas personas y te alegras por estar como estás, ni que piensas “virgencita, que me quede como estoy”, ni eso de “si ellas sacan fuerzas, yo también, porque mis problemas son menores”. No. Porque si algo aprendí de la psicología es que el sufrimiento de los demás no invalida el tuyo.

Sin tener que inmiscuirte en la intimidad de los hogares ajenos, ves la realidad en mayúsculas de la vida. Y eso me reconforta, porque en parte ver la cruda realidad me da la razón: esto, si no es el infierno, como poco es el purgatorio.

Aun así, ética y moralmente, hay que plantearse si las personas con discapacidad, movilidad reducida, síndrome de Down y otros tipos de malformaciones genéticas, etc., hubieran elegido estar expuestas. Y también las adultas que lo hacen: ya que les ha tocado una vida con más barreras, con un esfuerzo infinitamente mayor a diario.

Pues toda la exhibición que hacen y el coaching, si es por motivo económico para mejorar su calidad de vida, lo veo súper loable. De hecho, diría que estas personas son las que tienen más DERECHO a ganarse la vida exponiéndola, siempre que manejen su propio patrimonio.

Hay que tocar todos los puntos del prisma. Dicho lo cual, seguiremos con el circo digital. Próximamente, para todas las personas aburridas que compran paquetes extraviados de mensajería o devueltos de Amazon. Cuan tómbola, ya lo vaticinaba la cantante Marisol.

Palabrita de Niño Jesús, que hubiera preferido que hubieras conocido Digital Parlamento sin hacer scroll.
Hubiera vendido mi alma al diablo porque este periódico existiera en formato imprenta.

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