En la actualidad, vivimos inmersos en un flujo constante de mensajes y recomendaciones sobre cómo debemos vivir para “estar bien”. Desde campañas estatales que nos instan a comer carne blanca, jugar responsablemente, movernos para mantener nuestro corazón sano, sexo seguro o moderar el consumo de alcohol, prevenir las drogas, hasta las ofertas de coaching personal, entrenadores físicos y manuales de bienestar que prometen eliminar adicciones. Todo queda camuflado bajo la idea de cuidado y protección, y hay que deshacerse de ese halo de falsedad.
El verdadero alcance de este control se potencia con la tecnología. Nuestros dispositivos móviles registran cada movimiento, cada preferencia de consumo, cada clic y cada lugar que visitamos. Toda esta información permite crear perfiles de comportamiento, influir en decisiones de compra, hábitos de vida y hasta nuestro bienestar psicológico. El control que ya existe es inevitable, y debería orientarse hacia un beneficio real del ciudadano, en lugar de intereses comerciales, que siempre priman al Estado. Si este control ya existe, ¿por qué no aplicarlo en beneficio del ciudadano?
Una de las áreas donde se podría aplicar un control efectivo es el consumo de sustancias perjudiciales. Alcohol, tabaco y juegos de azar constituyen hoy una especie de pandemia silenciosa, y su regulación más estricta podría salvar vidas. Se podría implementar un sistema de control por unidad de convivencia que registre y limite las unidades de consumo de estas sustancias en beneficio del ciudadano, aplicable tanto en hostelería y restauración como en tiendas de comestibles y alimentos, usando la misma base de datos para garantizar que los límites se respeten de manera uniforme en beneficio del ciudadano. Podría mejorar significativamente la salud de la población y, sobre todo, volver a conectar con el sabor auténtico que nuestros jóvenes ya no reconocen porque nunca lo han probado.
Otro frente de control está en la alimentación. No hace falta inspeccionar la cadena de elaboración en cada restaurante si se regula desde los proveedores y fabricantes. Eliminar del mercado ciertos componentes nocivos —aunque reduzcan la durabilidad de los productos o el margen económico— podría mejorar significativamente la salud de la población. Entre los ingredientes que deberían ser erradicados destacan:
Glutamato monosódico (E621) – Potenciador de sabor.
Nitritos y nitratos (E249–E252) – Conservantes en embutidos.
Azúcares añadidos / jarabe de maíz – Endulzantes.
Grasas trans industriales – Margarinas, bollería, frituras.
Colorantes artificiales (E102, E110, E122, E129, etc.)
Saborizantes artificiales / potenciadores de sabor
Fosfatos añadidos (E339–E341) – Conservantes y textura.
Edulcorantes artificiales – Aspartame, sucralosa, acesulfame K.
Conservantes fuertes – BHA, BHT (E320, E321).
Emulsionantes y espesantes polémicos – Carragenina, polisorbato 80, CMC.
Y el ahorro económico no es despreciable. Un control efectivo sobre alimentación y consumo de sustancias perjudiciales reduciría de forma directa la necesidad de ciertos profesionales de la salud dedicados a tratar adicciones o enfermedades derivadas de malos hábitos, como colesterol elevado, obesidad mórbida, problemas intestinales o cardiopatías. También ayudaría a prevenir deficiencias nutricionales o excesos de grasas y otros componentes dañinos. Además, disminuiría el gasto en campañas televisivas y en otros medios de comunicación orientadas a advertir sobre riesgos, hábitos responsables y consecuencias para la salud. El ahorro se extiende también al ámbito de la seguridad: al reducir el consumo excesivo de alcohol, se eliminan botellones en la vía pública, disminuyen los conductores ebrios y se evitan accidentes, generando un ahorro de costes enorme en seguridad, emergencias y sistemas sanitarios de urgencia. De manera añadida, se reduciría el maltrato y la violencia de género, ya que ciertos alimentos con muchas grasas trans, junto con el exceso de alcohol y tabaco, alteran los metabolismos, generan estrés, ansiedad y pueden derivar en violencia doméstica. En conjunto, no solo se protege la vida y la salud de la población, sino que también se consigue un ahorro sustancial en recursos que hoy se destinan a mitigar problemas que podrían evitarse desde la raíz, recursos que podrían reasignarse a educación, deportes, mejora de la sanidad, subvenciones para la primera vivienda digna y otras políticas sociales que beneficien directamente al ciudadano.
En cuanto a la prostitución, se plantea la creación de edificios controlados y vigilados, similares a centros comerciales, con seguridad y personal encargado. Tanto las trabajadoras sexuales como los clientes deben identificarse mediante móvil, huella digital u otro sistema de escaneo, que también registra las últimas analíticas y el historial clínico, tal como funciona la cartilla de salud digital, garantizando sexo seguro y saludable. Cada trabajadora dispone de su habitación individual, registrada con su identificación, y los clientes igualmente deben ser identificados. El mismo sistema garantiza el pago a la trabajadora y permite contar con hojas de reclamaciones, aunque los productos íntimos y servicios no tienen devolución, tal como ocurre con la venta de ropa interior en tiendas textiles. Se podrían establecer penalizaciones tanto para clientes como para trabajadoras, bajo un convenio formal legal.
Estos edificios no solo cumplen una función de control y seguridad, sino que generan un beneficio social: son accesibles y sin barreras, atendiendo especialmente a personas con discapacidad o con necesidades especiales que requieren un espacio seguro para desfogarse y satisfacer sus demandas de manera regulada. Sobre la prostitución digital, las medidas y regulación se tratan en un artículo específico.
En lugar de drogas recreativas, se podrían ofrecer plantas naturales utilizadas tradicionalmente, con efectos leves y seguros, similares a las que empleaban nuestros ancestros en tribus: espacios sociales donde la gente pueda relajarse y compartir infusiones sin los riesgos de sobredosis o colapso físico.
Algunas de estas plantas incluyen:
Té verde o negro (Camellia sinensis) – cafeína suave y antioxidantes; estimula ligeramente, efecto seguro en consumo moderado.
Cacao puro – teobromina y antioxidantes; mejora el ánimo sin riesgos graves en dosis normales.
Kava – ansiolítico suave si no hay problemas hepáticos; consumo moderado seguro.
Valeriana, manzanilla, pasiflora, tila – efectos calmantes muy leves, prácticamente neutros.
Ginseng, rhodiola, ashwagandha – adaptógenos suaves; ayudan frente al estrés o la fatiga leve.
Estos espacios también ofrecerán música ambiental que permita a los asistentes evadirse y cambiar de estado de ánimo, creando un ambiente relajante y seguro. Se erradicarían todas las sustancias sintéticas y muy dañinas, permitiendo únicamente plantas naturales que puedan tener efectos beneficiosos leves, de forma segura y controlada.
Los humanos tenemos una parte demoledora y autodestructiva. Este rasgo está estudiado y se ha visto exacerbado por la rapidez de la sociedad actual, donde escasean las relaciones personales auténticas. Detectada esa carencia y ese defecto del cerebro, el mercado lo explota sin miramientos para obtener el máximo beneficio económico. Dirás que no quieres someterte a nada, que eres libre de elegir. Pero el libre albedrío no existe del todo. La verdadera utopía no es mi idea, sino la noción de vivir en una sociedad y en un sistema ya creado por nuestros antepasados, donde nunca tuvimos control alguno ni lo tendremos.
Considerando todos los hábitos insanos, adicciones legales, consumo de alcohol y tabaco, y juego, se puede estimar que hasta un 80 % de la población adulta en España se ve afectada por conductas que comprometen su bienestar físico y mental, subrayando la urgencia de orientar cualquier control hacia la protección real de los ciudadanos.
Ya que no podemos escapar de esto y considerando que, en guerras no tan lejanas, muchas personas pasaron hambre y vivieron con racionamientos estrictos, al menos esa capacidad de control y poder que ejerce una cúpula invisible —cuyos miembros el pueblo no puede identificar— podría canalizarse hacia una obra de protección y bienestar. Que los recursos se dirijan a lo que realmente importa, permitiendo vivir con más tranquilidad y evitando que nos sigan arrastrando al pozo oscuro en el que actualmente estamos sometidos.
![]()