La realidad encubierta de la IA creadora de webs

El espejismo del creador web fácil

Hace 15 años, páginas como IONOS, Arsys, GoDaddy, etcétera, intentaban venderte en los medios de comunicación —prensa, radio, televisión, publicidad en partners de internet— la idea de que crear una web era muy sencillo y que, en pocos pasos, una empresa con presencia online o una tienda en línea era sinónimo de seguridad, de reinversión y de grandes beneficios de rentabilidad.

No te hablaban del gran trabajo que hay detrás: que una página, una vez creada, se tiene que posicionar, publicitar, expandir, hacer marketing en redes sociales, etcétera.
Así que ahí ya opacaban parte de la información principal, y la gente adquiría los servicios de hosting con software de creadores web supuestamente sencillos, que no les servían para nada.

Tras esto, en el año 2023 llegó más fuerte la inteligencia artificial.
Y en 2025, la publicidad era masiva: se vendían creadores web que prometían generar una página profesional, funcional y con alto rendimiento solo dando instrucciones de voz —instrucciones sencillas por voz a la IA—, en poco tiempo, sin esfuerzo y por un precio módico para todo el servicio integral que ofrecían.

Las expectativas de ventas que estas campañas generaban entre autónomos y pequeños empresarios eran enormes.
Incluso también se comercializan herramientas de marketing con IA, como parte del mismo paquete de soluciones “inteligentes”.

Una vez adquirido el producto, el pequeño o mediano empresario entra en el área de cliente y, después, en el panel de control.
Allí ve un chat muy bonito, donde puede escribir o dictar órdenes por comando de voz, y le dice:

“Créame una web profesional para vender productos de peluquería y servicios de cosmética en Madrid.”

Y entonces empiezan los problemas.
Primero, la IA le pide configurar un dominio. Pero antes necesita saber cuál será el dominio principal. El cliente lo introduce… y la IA devuelve un error.

El empresario, sin conocimientos de programación, SEO, informática o marketing digital, no entiende qué ocurre. Tampoco sabe que necesita adquirir una llave de seguridad SSL, porque si no, Google penaliza la web y la considera potencialmente peligrosa o poco fiable.
Así empieza una pérdida de tiempo que puede superar una hora… y todavía ni siquiera se ha configurado el dominio.

Después, la IA le ofrece “20 ejemplos de cómo podría quedar su web”, que en realidad son plantillas genéricas: contacto, política de privacidad, aviso de cookies, secciones, logotipo…
Ah, pero espera — ¡tampoco diseña el logotipo!
Entonces el cliente le pide:

“Bueno, IA, por lo menos hazme los textos de la página principal.”

La IA los genera, pero lo que el cliente no sabe es que esos textos son genéricos, repetitivos y muchas veces plagio enmascarado.
Google y otros buscadores penalizan el contenido no original, por lo que, incluso si logra terminar el proyecto, su web quedará invisible en los resultados de búsqueda.

Lo que se prometía como una web lista “en pocos minutos” termina siendo una odisea de más de 20 días, con jornadas de 6 a 8 horas diarias, para obtener resultados mediocres.
La IA tampoco configura las redes sociales ni genera contenido real para ellas.
Puede escribir algún texto breve, sí, pero no planifica campañas, promociones ni ideas de publicación, que son la base del marketing digital.

Y cuando, finalmente, instala una plantilla dentro del script elegido (sin saber siquiera qué es un script), descubre que necesita añadir plugins y complementos: boletín de noticias, pasarela de pago, ficha de producto, atributos, enlaces internos y externos, URLs amigables, carga rápida, diseño adaptable…
Todo eso suena a chino para el cliente, que se desespera, se tira de los pelos y siente que le sale humo de la cabeza.

Aunque el servicio de creador web y hosting te da 30 días para desistir de la contratación, el usuario, que ya ha perdido un tiempo valiosísimo, no quiere desistir, aunque se sienta engañado o decepcionado.

Entonces puede tomar varias alternativas:

  • Si es una persona obstinada, persistirá en su objetivo empresarial hasta adquirir todos los conocimientos necesarios, lo que le tomará entre seis meses y un año como mínimo.

  • La otra alternativa es delegar el trabajo a un profesional: diseñador gráfico, creador web, social manager… un perfil multidisciplinario al que entregará las claves de su hosting y pagará por el servicio, sabiendo ya que la IA, por sí sola, no se lo va a hacer gratis.

  • Y finalmente entra en modo supervivencia antes de que la cabeza explote y opta por desistir y abandonar la web, dejando un dominio que arroja un error 404, porque el proyecto se quedó a medias.

Además, cuando te venden el servicio de creador web con IA, tampoco te advierten de la competencia brutal que existe en el mundo virtual.
En internet, la competencia se multiplica: según datos de 2025, existen más de 24 millones de tiendas online activas en todo el mundo, frente a unos 10 o 12 millones de tiendas físicas.
Es decir, por cada tienda que ves en la calle, hay al menos dos o tres vendiendo lo mismo en la red, y en sectores como la moda o la tecnología, esa proporción puede llegar a cuatro o cinco veces más.

En el mundo físico, no puede haber diez tiendas de ropa iguales en la misma calle, pero en internet pueden existir cien con los mismos productos, las mismas descripciones y las mismas fotografías.
Y esa es la dura realidad que nadie menciona cuando te prometen una web “profesional en minutos”.

Y contando con que el usuario haya logrado finalizar lo que es la estética y el contenido básico de la web, todavía queda lo más difícil: posicionarla, promocionarla que sea visible en la inmensidad de internet.
Ahí surge la gran pregunta:

“¿Cómo consigo reputación, seguidores en redes sociales y reseñas positivas en plataformas de opinión como Trustpilot o Google?”

Y claro, la IA, que está programada para ser políticamente correcta y no defraudar, no te va a revelar el truco del almendruco.
Es decir, no te dirá cómo conseguir rápidamente muchos seguidores, reseñas positivas o cierta reputación en un corto periodo de tiempo.
Lo obvio es que siempre pasa por invertir dinero, exponer capital de nuevo… pero no te va a decir ni cómo ni dónde.

Y ahora bien, sabiendo todo este costo que tiene el molotov digital, me planteo yo:

“¿Cómo puede un empresario mediano o un autónomo insignificante competir ante un mercado tan globalizado, tan enorme, donde además existe la competencia de todas las plataformas de venta y segunda mano —Milanuncios, Vinted, Wallapop, TikTok Shop etc …—?”

El pequeño emprendedor que creyó que la IA le haría todo el trabajo se encuentra de repente compitiendo con medio planeta, en un escaparate digital donde todo parece fácil… hasta que descubres que no lo es.

Si no dispones de un gran capital para que otros hagan por ti todo el trabajo integral, minucioso y profesional que requiere un negocio digital, tendrás que asumirlo tú mismo.
Mantener una presencia online eficaz exige dedicación constante al inicio, casi las 24 horas del día, los 365 días del año.

Por eso, solo quien posea una determinación férrea, una mente flexible y una disciplina diaria inquebrantable logrará avanzar.
Obstinación, adaptabilidad y esfuerzo son las verdaderas claves del éxito digital.

¿Y qué hay, entonces, de ventaja real en 2025 y de verdad en toda esa publicidad del “creador web con inteligencia artificial”?

La verdad es que la IA no es magia, pero es una herramienta potentísima, y más quisiéramos haberla tenido en nuestras manos hace más de 20 años.

La inteligencia artificial es tu propio eco, una asistente y secretaria empresarial sin precedentes, incansable, precisa y siempre disponible.
Pero no es ella quien crea: eres tú quien la guía, la entrena y le da propósito.
La IA puede ahorrarte tiempo, optimizar tus procesos y multiplicar tu productividad.
Pero solo si el dueño de la cuenta ha desarrollado una gran preparación mental, curiosidad constante y capacidad de aprendizaje.

En definitiva: la IA amplifica lo que ya eres.
Si tienes visión, perseverancia y conocimiento, te impulsará.
Si no los tienes, solo repetirá tus propios errores… con más eficiencia.

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