“Tenía 23 años y llevaba más de tres con mi novio, un chico de mi edad: romántico, atento, guapo… aunque algo bajito y delgado.
En el último año de carrera apareció un novato. Al principio no me llamó la atención, pero insistía mucho en hablar conmigo y empezamos a quedar casi todos los días después de clase.
Un día… acabamos enrollándonos. Mi mejor amiga lo supo y durante un tiempo se lo ocultó a mi novio, hasta que todo se volvió insostenible. Ella no entendía qué me veía en ese chico: alto, algo encorvado, con camisa de cuadros y tirantes, como si fuera Steve Urkel. Pero tenía muchísimo dinero.
Lo que mi amiga no sabía era lo que había debajo de ese disfraz. Tenía un cuerpazo de gimnasio increíble, fuerte, deslumbrante… prácticamente perfecto. Esa atracción física me enganchó y acabé rompiendo mi relación estable por él.
Cuando terminó el curso se fue de intercambio a China. Un día lo llamé y lo cogieron dos amigas suyas nativas, que se rieron y colgaron el teléfono. Ahí entendí que todo había terminado.
Aun así, tuve que acudir a mi mejor amiga para que me ayudara a recuperar una tarjeta de memoria con fotos muy íntimas, sobre todo mías.
Más tarde supe que él era bisexual. Durante nuestra relación él hacía lavativas y usaba arnés en nuestras relaciones, y también me hacía poner arnés. Todo aquello fue parte de una experiencia sexual intensa y única, que veinte años después sigo recordando con claridad.”
— Anónima
“Soy valenciano y tengo cuarenta y dos años. Durante mucho tiempo estuve enamoradísimo de una mujer latina con la que me casé. Pensaba que nuestra vida estaba construida sobre algo fuerte, algo que iba a durar.
Pero un día me desperté y todo había cambiado. Sobre la mesa encontré una nota. Nada más. Ella se había ido.
Me había dejado solo con nuestros tres hijos. Uno de ellos ni siquiera había cumplido el mes de vida. En un instante pasé de tener una familia completa a quedarme solo, intentando entender qué había pasado y cómo iba a seguir adelante con ellos.
Aquel día mi vida dio un giro que nunca habría imaginado.”
— Anónimo